¿Qué Derecha quiere ser la Derecha?

Desde la vuelta a la democracia, la derecha intentó construir una biografía diferente a través de un camino lento y muchas veces contradictorio, sobre el que tenemos episodios inscritos en la memoria colectiva. Este esfuerzo logró que gran parte del sector tomara distancia de la dictadura y aceptara las reglas democráticas, transformándose en una alternativa legítima de gobierno.

No fue gratis. A muchos dirigentes de la época les costó abandonar ciertas nostalgias y reconocer responsabilidad histórica. Finalmente, buena parte de la centroderecha entendió que su viabilidad dependía de demostrar que habían aprendido que la democracia liberal era el camino para gobernar.

Ese recorrido encontró un puerto. Treinta años después llegaron al gobierno de la mano del proyecto de Sebastián Piñera Echeñique. Este hito inauguró una nueva época en Chile y el inicio de una alternancia entre proyectos de izquierdas y de derechas que, con tensiones y matices, había alcanzado una madurez. Hasta ahora.

El escenario internacional llevaba tiempo enviando señales. Vimos cómo Amanecer Dorado llegaba al parlamento griego en 2012. Lo vimos lejano y las pequeñas expresiones locales fueron subestimadas. De a poco, durante la última década, la irrupción de derechas más radicalizadas, alimentadas por la lógica del enfrentamiento permanente, cambió el escenario chileno y transformó la realidad política.

La ultraderecha instaló la desconfianza hacia las instituciones, el desprecio por los acuerdos y una fascinación por liderazgos que representan el arquetipo del “salvador autocrático”. Influida por el anarcoliberalismo, pero con una columna vertebral atravesada por las tesis de Jaime Guzmán, se concibe al Estado como un enemigo a derrotar más que como una herramienta para conducir el bien común.

En ese escenario, Chile Vamos parece atrapado entre dos alternativas incómodas. Por un lado, pueden seguir acompañando esta agenda para conservar cuotas de influencia, algunos ministerios (con sus respectivos puestos de trabajo) e intentar conseguir un poco de la benevolencia que las granjas de bots no tuvieron con su propia candidata.

O pueden asumir el costo de defender aquello que durante décadas intentaron reconstruir: una derecha democrática, dialogante y respetuosa de nuestra institucionalidad; cuidadosa cuando se trata de comprometer los intereses permanentes del país; inequívoca a la hora de defender la reputación de Chile en el exterior y comprometida con preservar la estabilidad política dentro de los márgenes democráticos. En definitiva, una derecha que recuerde las palabras de su propio expresidente cuando afirmó en 2018 que “Kast no era el camino para Chile”.

Algún día deberán responder si fueron capaces de ejercer una convicción cuando esta tuvo costos o si optaron por administrar el miedo a quedarse fuera del reparto.

Quizás la pregunta más importante del presente no sea qué ocurrirá con el gobierno de turno. La verdadera pregunta es qué clase de derecha emergerá después de esta época.

Constanza Villalobos Díaz

Fonoaudióloga y profesional del sector público.
Con trayectoria en áreas vinculadas a salud, gestión y desarrollo social, su experiencia incluye el ejercicio académico en educación superior y una formación de posgrado orientada a la salud pública, lo que le ha permitido construir una mirada integral sobre los desafíos sanitarios y sociales del país. En los últimos años ha enfocado su trabajo en el servicio público, participando activamente en iniciativas de impacto territorial y comunitario. Como columnista, busca aportar análisis y reflexión sobre contingencia, políticas públicas y bienestar social desde una perspectiva técnica y humana.

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