La literatura se nutre de múltiples historias para la construcción de sus universos. En los distintos géneros existe como herramienta la adaptación de hechos reales para la construcción de las obras. Ahí se instala muy bien el género policial, uno de los más consumidos a nivel nacional y global.
¿Qué elementos convierten al noir en una especie de placer culpable? ¿Qué es lo que motiva a lectores de diversas edades a sumergirse en las aguas profundas de la mente humana, en el comportamiento bestial que roza lo morboso y lo gore?
Podemos definir el noir como ese subgénero de la novela negra que explora la degradación social y moral, enfocándose en la perspectiva del criminal o de las víctimas, todos habitantes de ambientes urbanos decadentes y pesimistas donde la violencia actúa como eje catalizador de sus acciones.
En países del norte de Europa, por ejemplo, el Nordic noir es un fenómeno cultural que ha dado pie a extensas sagas que exploran la delgada línea que separa lo correcto de lo incorrecto en nuestra naturaleza. En Noruega, incluso es tradición desde hace más de un siglo leer Nordic noir durante Semana Santa.
A los lectores nos atrae la oscuridad. Las razones pueden ser varias; una de ellas es que vivimos en un mundo oscuro, o al menos eso es lo que los distintos medios de comunicación y redes sociales nos intentan mostrar: la guerra, la inseguridad, la delincuencia, la intolerancia, el odio y el caos se van sembrando hasta cosechar las tempestades que colapsan a los pueblos. Nos convertimos en testigos continuos de femicidios, infanticidios, torturas, crímenes contra la humanidad, guerras y otras múltiples formas de violencia.
Según datos entregados por la Encuesta Descifra en el Día del Libro de 2026, en Chile siguen predominando las historias de amor con un 36%; los géneros de no ficción (26%); en tercer lugar, el thriller, horror y misterio (25%) y la ciencia ficción (24%). Es decir, la literatura de género que engloba al noir está entre las que entran con mayor facilidad a los hogares chilenos en los que que se practica la lectura. Coincidiendo con esto, el año pasado el Premio Nacional de Literatura recayó sobre Ramón Díaz Eterovic, autor consolidado de novelas policiales con su mítico detective Heredia y su gato Simenon.
Cabe preguntarnos: ¿por qué nos atrapa el crimen? ¿A qué se debe su masivo éxito? Tanto los hechos criminales como su resolución han formado parte del interés seductor del lector desde los inicios documentados de la literatura. A lo largo de la historia ha sido un leitmotiv constante. Sin embargo, es a partir de fines del siglo XIX cuando comienza a cristalizarse la presencia de detectives antiheroicos como los conocemos hoy, que no utilizan el método científico sino la violencia cruda. Desde la descarnada mirada asiática, la frialdad escandinava o el realismo sucio latinoamericano, el noir parece estar en un momento álgido de su desarrollo.
Crecimos viendo a Carlos Pinto deambulando por las cárceles del país con los distintos casos de Mea culpa. Dentro del panteón del cine nacional tenemos a El chacal de Nahueltoro, de Miguel Littin, y la memoria patria está atravesada por historias como la de los psicópatas de Viña del Mar, la muerte trágica de Hans Pozo o el psicópata de Alto Hospicio. Todas infalibles a la hora de superar a la ficción.
Frente a esto vuelve a surgir esa pregunta que se plantea a la afirmación del filósofo francés Jean-Jacques Rousseau: ¿el ser humano es bueno por naturaleza? ¿Es el contexto el que modifica el comportamiento de las personas? Y no puede resolverse. No han podido hacerlo ni la psicología criminalística, ni la psiquiatría, ni la genética, ni la antropología o la sociología, que con sus estudios e investigaciones han teorizado al respecto sin llegar a conclusiones.
Una cosa es difícil de negar: hay algo oscuro dentro de cada uno de nosotros que compone nuestra dualidad. Si tomáramos un personaje literario para reflejarlo, sin dudas el mejor ejemplo sería el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Stevenson. Tanto el bien como el mal conllevan matices y son parte de un mismo ser. Por eso conectamos al leer sobre el mal, lo policial o lo terrorífico, porque nos habla del lado menos luminoso de nuestra naturaleza.
Cierro recomendando algunos títulos chilenos para seguir disfrutando. En este camino, la literatura nacional tiene mucho que decir:
- Diario de un killer sentimental (1996), Luis Sepúlveda
- El alemán de Atacama (1996), Roberto Ampuero
- Estrella distante (1996) y Los detectives salvajes (1998), Roberto Bolaño
- La ciudad está triste (2000), Ramón Díaz Eterovic
- Santiago Quiñones, tira (2010), Boris Quercia
- Tierra Amarilla (2014), Germán Marín
- La conjura de los neuróticos obsesivos (2021), Julia Guzmán
- El desprovisto (2022), Jean Veliz
- La mujer del río (2024), Paula Ilabaca
- No sabes cuán oscura puede llegar a ser la noche (2025), Rodrigo Muñoz Cazaux
J. P. Cifuentes Palma
Los Ángeles, 1985. Escritor chileno, magister en Educación autor de libros de ciencia ficción entre los que cuentan el
poemario Sacsayhuamán: El exilio de los Shuk’tars (2019); la colección de relatos 99942
(2021); y las obras de teatro de ciencia ficción Oulu (2024) y Austin (2025). Creador del
podcast Liberarte con JP. Ha participado en ponencias académicas en la Universidad de
Concepción, Universidad del Biobío, Universidad Adolfo Ibáñez y Universidad Católica de
la Santísima Concepción.