Minuto noventa y cinco, con 15 segundos para terminar los seis de agregado. San Carlos de Apoquindo se teñía de celeste y blanco para celebrar. Centro al área de Católica, el incombustible capitán rojo pivotea, serie de rebotes y gol de Ñublense. El silencio congeló el Claro Arena y lo único claro era que, en esta nueva competencia nacional, el equipo de Chillán se acercaba matemáticamente a las semifinales. ¿El premio mayor del torneo? Un ticket para viajar por América.
Es que, tras la histórica presentación en Copa Sudamericana en 2008, Ñublense tuvo que esperar hasta 2023 para volver a viajar por América e inscribir su nombre en la mítica Copa Libertadores. Su primera Libertadores. Desde entonces, el hincha siente el gustito de pasear la bandera por todo el continente. De inflar el pecho por las calles de Río, Quito, Huancayo, Buenos Aires y Montevideo con la camiseta roja, orgullosos de contar nuestra historia de alegrías y amarguras.
Minuto 96 y el partido en el Claro Arena llegaba a su pitazo final. La hinchada rival no lo podía creer. Tres puntos les fueron arrebatados del bolsillo por un irrespetuoso chiquillo de apellido Ávalos. La arenga en el mediocampo daba muestra del orgullo por la entrega demostrada, y que esta vez tuvo sus frutos.
Matemáticamente, estamos más cerca de las semifinales. Futbolísticamente, con rumbo claro y con necesidad de ajustar las líneas ofensivas. ¿La ilusión? Intacta, en pie, y creciendo cada día. Y es que, ¿qué sería el fútbol sin la ilusión? Solo un césped transitable, una red inmóvil de anhelos, un mero esférico de cuero sin alma.
Déjame soñar, déjame vibrar. No me ilusiones con goles al último minuto, porque me ilusiono.
Cristian Pérez Zapata
Nacido de cuna en Ñuble.
Las letras igual hablan de fútbol.
La redonda nunca se mancha.
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