La derecha como soporte de la ultraderecha: los casos de Argentina y Chile

La ultraderecha ya no necesita amenazar a las democracias desde fuera. A veces emerge desde dentro del propio sistema político, acompañada, o al menos habilitada, por las derechas tradicionales. Esta es la hipótesis que sostienen Ariadna Gallo y Rodrigo Díaz Esterio en el artículo en el que decantan su análisis sobre los casos de Argentina y Chile.

Los autores trasandinos revisan el escenario político latinoamericano reciente a partir de una idea central: la frontera entre derechas democráticas y ultraderechas autoritarias se ha vuelto cada vez más difusa. Sostienen que no se trata de campos completamente separados, sino de espacios políticos que hoy conviven, se desplazan y se superponen en medio de la crisis de representación, la erosión de la confianza institucional y la transformación de los sistemas de partidos.

Para describir este fenómeno utilizan el concepto de “sobreadaptación sistémica”, que explica cómo partidos e instituciones responden al ascenso de la ultraderecha absorbiendo parte de sus discursos, prioridades y marcos políticos en lugar de confrontarla. La normalización ocurre así mediante mecanismos graduales de legitimación y adaptación, sin necesidad de una ruptura abierta con la democracia liberal.

Aunque Argentina y Chile poseen trayectorias históricas distintas, comparten procesos recientes de reconfiguración de sus derechas políticas. En Argentina, los autores abordan el desplazamiento del PRO, originalmente una derecha liberal y democrática, hacia una posición subordinada respecto del proyecto libertario encabezado por Javier Milei. Destacan que la derecha tradicional argentina terminó funcionando como soporte institucional y legislativo de una fuerza que tensiona los límites del sistema democrático desde dentro.

En Chile, el análisis se centra en la relación histórica entre la derecha postdictadura y el legado institucional del pinochetismo. Sostienen que la transición pactada de los años noventa permitió la continuidad de estructuras políticas, económicas y culturales asociadas al régimen militar. Durante décadas, la derecha chilena logró ocupar posiciones de centralidad mediante un discurso técnico, moderado y orientado a la gestión.

Sin embargo, tras el estallido social de 2019 y el proceso constituyente, ese equilibrio comenzó a fracturarse. Los autores identifican en este momento un punto de inflexión para el ascenso de nuevas derechas radicales y ultraderechistas. La irrupción de José Antonio Kast y de figuras como Johannes Kaiser aparece leída como parte de un proceso más amplio de radicalización del bloque conservador.

El estudio describe cómo temas como la seguridad, la inmigración, el orden público y la antipolítica comenzaron a reorganizar el debate político chileno. En ese contexto, la derecha tradicional habría abandonado gradualmente su papel de contención frente a los sectores más extremos y optado por formas de convivencia, adaptación y legitimación mutua.

La candidatura presidencial de Kast en 2025 es presentada como la culminación de este proceso. Los autores interpretan su consolidación política no como un fenómeno aislado, sino como el resultado de una transformación sostenida del campo político chileno. La campaña republicana, centrada en la seguridad, la inmigración irregular y la promesa de un “gobierno de emergencia”, habría contribuido a consolidar una nueva hegemonía dentro de la derecha.

Analizan también el surgimiento del Partido Nacional Libertario de Kaiser, definido como una expresión aún más radical dentro del espectro conservador. Hacia fines de 2025, describen una derecha chilena organizada en tres polos: una centroderecha institucional en declive, una derecha populista encabezada por Kast y un sector libertario articulado por Kaiser.

El trabajo destaca tres dimensiones centrales. La primera es narrativa: la adopción de discursos ultraderechistas por parte de la derecha tradicional, especialmente en materias como seguridad, antipolítica o antifeminismo. La segunda es institucional: los pactos de gobernabilidad y acuerdos parlamentarios que normalizan la presencia de actores previamente considerados disruptivos. La tercera es afectiva: el desplazamiento de la competencia política hacia registros emocionales marcados por la polarización, el miedo y la exclusión.

La sobreadaptación sistémica no sería una anomalía coyuntural, sino un mecanismo estructural mediante el cual las derechas tradicionales preservan su centralidad política al mismo tiempo que contribuyen a la normalización de nuevas formas de autoridad.

Más que describir una ruptura abrupta del orden democrático, los autores proponen observar cómo ciertos cambios ocurren desde dentro de las instituciones, mediante alianzas tácticas, desplazamientos discursivos y nuevas formas de legitimación política. La pregunta que deja abierta el estudio es inquietante: qué ocurre cuando las fuerzas llamadas a contener a la ultraderecha comienzan, progresivamente, a compartir parte de su lenguaje, sus prioridades y su lógica política.

Revisa el estudio completo.

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