Fernando Reyes llegó a Madrid en mayo de 2021 con una intención sencilla pero ambiciosa: aprender. Cruzó el océano para entender desde dentro la maquinaria de la industria musical, compartir con otros artistas y encontrar espacios donde su propuesta pudiera abrirse a nuevas formas.
Cualquier seguidor de su trayectoria sabe que no se fue con las manos vacías: llevaba consigo dos EP a su haber y los sonidos latinoamericanos como materia viva en su pulso. En esos primeros trabajos, el mapa que empezaba a trazar ya pedía un lenguaje menos contenido, más dispuesto a ensancharse.
Parece coherente que a la intimidad recogida de la guitarra en “Sueños” y a los ritmos atravesados por la ternura desacomplejada de “Amaneceres, tardes y café” siguiera esta deriva expansiva, que se ha ido desplegando entre estudios de grabación, escenarios, colaboraciones y amistades tejidas en el camino.
“Venirme a Madrid fue, sobre todo, una instancia de formación. Quería aprender cómo funciona la industria desde dentro, trabajar con artistas, grabar discos y participar de manera activa en la escena musical”, cuenta, sintetizando un periodo en el que ha trabajado como músico sesionista, productor y colaborador en distintos proyectos.
Dos rasgos fácilmente reconocibles en el ADN de los músicos ñublensinos aparecen también en la experiencia de Fernando: por un lado, su participación en iniciativas ligadas a la programación cultural y a espacios de encuentro entre artistas; por otro, la manera en que, al hablar de estos años, el aprendizaje técnico nunca se separa del tejido de amistades que ha ido construyendo dentro de la escena.
Lejos de casa, Reyes encontró un grupo de amigos, músicos y artistas que terminaron convirtiéndose en compañeros de ruta. Entre ensayos, conciertos y proyectos colectivos, comenzó a formarse una red que hoy considera fundamental tanto para su trabajo como para su vida cotidiana. “Me he armado una banda de amigos para tocar mis canciones. Ha sido muy bonito encontrar gente interesada en participar desde el vínculo humano y el amor por la música”, cuenta.
Reconoce haber tenido la sensación de desentonar al llegar a un paisaje dominado por el pop, pero su música pronto encontró espacios donde tanto el público como otros creadores lograron sintonizar. “Al principio me sentí muy ajeno, pero mirando hacia atrás el balance es completamente positivo. Hemos tocado en escenarios importantes y la respuesta de la gente ha sido muy bonita”, relata, incluyendo en su respuesta a la banda que se ha convertido en su tándem.
Parte importante de esa experiencia ha transcurrido en barrios como Lavapiés y Malasaña, conocidos por su diversidad cultural y su intensa vida artística. Allí ha compartido con músicos de distintos lugares del mundo y también con una activa comunidad chilena que mantiene vivos los vínculos con el país.
Entre los momentos más significativos de estos años destaca el haber sido entrevistado en Radio 3, referente de la música en España, la grabación de nuevas canciones junto al productor César Grouart y las diversas presentaciones realizadas para Sofar Sounds, experiencias que le han permitido mostrar su música ante nuevos públicos. “Han sido años de mucho aprendizaje, pero también de reconocimiento. Incluso mientras estaba enfocado en formarme, seguíamos haciendo música y compartiéndola”, rescata, aludiendo a la multiplicidad de roles que ha ido asumiendo.
En paralelo a ese recorrido, su conexión con Ñuble permanece intacta. Durante el verano pasado regresó a Chile y pasó varios meses reencontrándose con su familia, una experiencia que describe como especialmente significativa después de tantos años viviendo en el extranjero. “Fue una vuelta muy familiar. Estar con mi familia y con mi sobrino fue algo muy importante para mí”, recuerda.
Hoy, Fernando vive un momento que define con entusiasmo. Mientras prepara el lanzamiento de su nuevo sencillo, El golazo del 10, también proyecta algunos trabajos que aún no pueden ser revelados, pero que apuntan a una etapa especialmente activa para el proyecto. “Estoy rodeado de gente muy talentosa y muy generosa. Hay mucha motivación y siento que se viene una etapa muy bonita para el proyecto”, condensa como motor de esta fase vital y musical.
Cinco años después de aquella decisión de partir, Madrid se ha convertido para Fernando Reyes en algo más que un lugar de residencia: ha sido un espacio de formación, crecimiento y encuentros, donde la música sigue abriendo caminos y dejando, también, nuevas formas de sentirse en casa.