Hay cafeterías que tienen un sitio en Chillán. No siempre son las que traen el café de moda o las que ofrecen cartas con nombres gringos. Una de esas, de las encantadoras, es la cafetería Turquesa, ubicada casi al final de Arauco, justo frente a la ferretería Mora. Adentro, un escenario de calma casi marina, que perfectamente podría haber pintado Arturo Pacheco Altamirano. La casa antigua y blanca es un lienzo para los detalles que hacen honor a su nombre, en color turquesa. Al entrar, es inevitable sentirse unos kilómetros al sur y desplazado en el tiempo. Tiene un aire dichatino, muy de esas casas de la costa que ya no están.
La atención es acogedora. El ambiente, la cafetera y la repostería exhibida crean una sensación de intimidad, como si se tratara de un espacio privado. Los libros, máquinas de escribir y la predominancia de la madera transforman a la cafetería en un excelente spot para las fotos de tu feed.
Ciñéndome al café, destaco especialmente que no es pretencioso: es resolutivo y acompaña con mucho equilibrio la carta. Hay almuerzos al mediodía, pero, en lo particular, recomiendo los waffles. Si, como mi acompañante, buscas un desayuno de fuste, encontrarás la mítica paila de huevo, y eso es un infaltable (y la palta, las tostadas, mermeladas y otras bebidas para entrar en calor o refrescarse).
La experiencia en Turquesa es sencilla, en el mejor sentido de la palabra, en la honestidad de las elaboraciones y en el clima propio. Quizás es un poco frío dentro, pero sigue siendo una excelente pausa para tus días de trámites o apuros comerciales.
Nota*:
¿Cuál debería ser la siguiente que visitemos?
*Esta evaluación está hecha en base a una experiencia de consumo puntual y no está vinculada a auspicios ni modificaciones que la cafetería implemente en su carta o servicios