Siempre he sido fan de la ciencia ficción. No recuerdo si fue por ver algunos episodios de Flash Gordon, la serie antigua en blanco y negro, por algún comic o historia de la revista Mampato o por haber sido uno de los afortunados de ver Star Wars en el cine, junto a mi abuelo en el año 1978. Ver un despliegue de efectos especiales innovadores en una pantalla gigante, marca mucho la mente de un niño de cinco años que hasta puede llegar a creer que todo es real.
Unos años después, llegó al cine Santa Lucía (Cinerama, como se le conocía) otro clásico del género: Battlestar Galáctica, también con efectos especiales potentes para la época y con la misma capacidad de asombrar mediante una nave espacial envolvente, proyectada en una pantalla cóncava.
Ya en los 80 fue el turno de Flash Gordon (la película que de tan mala llega a ser buena), El Imperio Contraataca, El regreso del jedi, las primeras adaptaciones a la pantalla grande de Star Trek, un clásico de los 60. Mientras que en televisión aparecían series como Buck Roger o la entrañable Robotech.
A partir de los 90, ambos medios ampliaron sus propuestas, abriendo un abanico para ver, convertirse en fan y gastar mucho dinero en merchandising, figuras de acción, kits armables, juguetes y figuras para coleccionistas. Esta fue, para muchos de los aficionados, la puerta de entrada al género. Así nos iniciamos en este mundillo.
Más tarde, mirando en retrospectiva y con la satisfacción de haber “invertido” más que algunas monedas en figuras o juguetes para recordar nuestra infancia, comenzamos a darnos cuenta de que muchas de estas producciones escondían algo tras lo que podían parecer simples historias de aventura. La vida cotidiana nos lleva inexorablemente a hacer paralelismos con muchas de nuestras películas o series favoritas:
Una rebelión que sucede “hace muchos, muchos años en una galaxia muy, muy lejana”, ya no parece tan lejana ni en distancia, ni en objetivos. La represión, la injusticia, la esclavitud y las instituciones de poder que no funcionan o lo hacen a medias, son cosas con las que debemos lidiar en algún momento de nuestras vidas.
La represión y persecución ejecutada por “autómatas” sin pensamiento propio, pero ultra religiosos que creen ser la raza elegida y que buscan exterminar a quienes no piensen o sean como ellos, ya no suena a un futuro distópico. Basta con leer la historia de nuestro planeta o ver las noticias en nuestro dispositivo telefónico para verlo cerca o directamente ocurriendo a tiempo real.
El racismo, las peleas económicas y por territorio, así como las conspiraciones políticas que buscan imponer una ideología y forma de vida a través de una batalla cultural y un cambio de lenguaje, también son cosas a las que no estamos ajenos actualmente.
Dentro de todo el mundo ficticio de las sagas de ciencia ficción, también algunos nos refugiamos en la esperanzadora visión de Star Trek, donde una flota estelar busca nuevas fronteras para conocer y estudiar, ayudando a resolver problemas de civilizaciones extraterrestres menos avanzadas o con problemas sociales, problemas que la Tierra ya no tiene en el siglo XXIV, ya que logró instalar en una sociedad sin prejuicios, racismo, ni dinero, sino donde todos trabajan por la superación de la humanidad y todos se dedican a trabajar en lo que desean sin presiones económicas, ya que sus necesidades están cubiertas y no tienen más restricciones que sus propias habilidades.
Esta visión muy apegada a lo que podríamos encontrar en el Socialismo Utópico, es aún más meritoria si se considera que fue presentada en plena Guerra Fría a través de las pantallas estadounidenses, convirtiéndose inmediatamente en un éxito a nivel nacional y mundial, inspirando muchas carreras profesionales científicas y áreas de desarrollo tecnológico como los scanners médicos, teléfonos celulares, GPS, computadoras compactas, tablets, entre otras herramientas.
La ciencia ficción, se constituyó así no solo en entretenimiento, sino que también en referencia e instrumento para plantear y tomar conciencia de los problemas que nuestras sociedades aún cargan. Y es en este punto donde se mezcla la responsabilidad con la oportunidad de conducir al planeta a un futuro esperanzador. La alternativa es dejarnos llevar a versiones distópicas del futuro como las planteadas por autores clásicos como George Orwell, Aldous Huxley, Thea Von Harbou, en sus novelas y respectivas adaptaciones cinematográficas.
La voz concernista no es cosa del pasado. Los resultados de la irresponsabilidad y la ambición humana desmedida siguen siendo un tema recurrente en producciones de mayor o menor credibilidad con Los Juegos del Hambre, El cuento de la criada, Los niños de Hombre, Snowpiercer o Black mirror. En su global, nos han entregado una proyección bastante verosímil de lo que somos capaces como sociedad cuando nuestros actos no responden a las lógicas de la vida en común como especies y como miembros del planeta. Rendirnos a la ignorancia, a los prejuicios, a la falta de empatía o al no cuestionar las decisiones que toman nuestros gobernantes, siguen apareciendo como toques de atención perfectamente vigentes.
Fuera de la etiqueta, la ciencia ficción no se limita al entretenimiento ni es materia de geeks, nerds o ñoños que siguen buscando pretextos para comprar juguetes en la vida adulta. Son inspiraciones, advertencias e incluso perspectivas que amplían nuestra forma de ver los nuestros problemas que enfrentamos. Recordemos que uno de los grandes científicos de la historia fue también prolífico escritor de ciencia ficción, Isaac Asimov. No me atrevo a exponer su enorme curriculum aquí, pero los invito a quedarse con una frase de su autoría que resume perfectamente el espíritu de quienes amamos este género:
«Puede que los relatos individuales de ciencia ficción les parezcan tan triviales como siempre a los críticos y filósofos cegados de hoy, pero el núcleo de la ciencia ficción, su esencia, se ha vuelto crucial para nuestra salvación, si es que vamos a salvarnos»
Víctor Valdivia Palacios
Diseñador Gráfico.
Fan del cine y la ciencia ficción.
Co-director de los podcast Tertulia y Boom TeVé.
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