Hay días en que te despierta, miras el reloj y la alarma no sonó. Te haces un café, volteas la taza y se derrama por completo en tu ropa de trabajo. Estás en el paradero mientras llueve, y un bus te moja por completo. Algo así fue lo visto por Ñublense en el Monumental. Todo parecía salir mal.
Y los primeros 5 minutos fueron una muestra de lo que vendría. El equipo blanco, dominado, presionando las primeras líneas defensivas de Ñublense, impidiendo salidas limpias. Cuando el balón pasaba, interceptaban la linea de pase en mediocampo. Las falencias tácticas se hacían presentes, y mostraban una faceta aturdida y errónea que no se veía desde la derrota frente a O’Higgins en el césped del Oyarzún.
Superados ampliamente, desorientados tácticamente, doblegados en el resultado. El tiempo avanzaba y los cuestionamientos aparecían: ¿Cuál es el verdadero Ñublense? ¿El de la Copa de la Liga o el que miraba la red propia buscando seis veces el balón?
El penal tras mano de Campusano solo vino a lapidar cualquier intención de remontada épica que contra la U y la UC habían dado resultado. Y el equipo lo sintió. La banda derecha fue un pasillo. El mediocampo en el gol de Vidal fue un mero espectador. La transición de defensa a ataque fue lento, sucio y errático.
¿Es el peor partido de Ñublense en el año? Por lejos. ¿Es un golpe de realidad tras el invicto de visita? Por supuesto. El cuerpo técnico deberá trabajar desde lo psicológico este magro encuentro enfocándose en rescatar las fortalezas defensivas del equipo que ayer se vinieron mermadas. Vienen partidos claves que pueden ser un trampolín anímico para revivir el buen ritmo y juego de los Diablos Rojos. ¿Caer está permitido? Totalmente. A lavarse la cara y despertar de la pesadilla.
Cristian Pérez Zapata
Nacido de cuna en Ñuble.
Las letras igual hablan de fútbol.
La redonda nunca se mancha.
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