Un estudio realizado en la región de Ñuble pone en cuestión una de las ideas más instaladas sobre el folclore musical chileno: que su transmisión ocurre exclusivamente de manera oral. A partir de entrevistas a cantores y cantoras de la zona, la investigación concluye que hoy la enseñanza, difusión y preservación del folclore también ocurre, y de manera muy significativa, a través de medios de comunicación y plataformas digitales.
La investigación forma parte de un proyecto más amplio desarrollado desde 2022 en comunas de Ñuble y Biobío. En este caso, el foco estuvo puesto en cultores de Chillán, San Nicolás, Pinto y Ñiquén. Siete cantores y cantoras de reconocida trayectoria fueron entrevistados para conocer cómo aprendieron música folclórica, cuáles fueron sus influencias y de qué manera transmiten actualmente su trabajo.
Aunque la tradición oral sigue siendo considerada por los participantes como un elemento central del folclore, los resultados muestran que prácticamente todos crecieron también escuchando música a través de la radio y, más tarde, mediante televisión, discos, internet y redes sociales. Solo la participante de mayor edad relató una experiencia inicial de aprendizaje completamente oral, asociada a una infancia marcada por el aislamiento rural y la falta de acceso tecnológico.
El estudio identifica un cambio generacional importante. Los participantes más jóvenes no solo aprendieron folclore mediante vínculos familiares o comunitarios, sino también mediante grabaciones, conjuntos musicales, radios locales y plataformas digitales. Además, varios de ellos cuentan con estudios formales de música y se desempeñan actualmente como profesores de folclore o música en establecimientos educacionales.
Entre las principales influencias mencionadas por los entrevistados aparecen nombres como Violeta Parra, Víctor Jara, Margot Loyola, Patricio Manns y el grupo Quilapayún. Muchos de estos repertorios fueron conocidos precisamente a través de medios masivos, lo que refuerza la idea de que la experiencia folclórica contemporánea ya no puede entenderse únicamente desde la oralidad tradicional.
Otro hallazgo relevante es que todos los entrevistados utilizan actualmente algún medio de difusión masiva para compartir su música: radios locales, redes sociales, YouTube o grabaciones en CD. Lejos de considerar estas herramientas como una amenaza al folclore, la mayoría las valora como una forma de preservación cultural y de conexión con nuevas generaciones.
La investigación también plantea una discusión de fondo: si el folclore sigue definiéndose oficialmente en Chile como una expresión exclusivamente oral, ¿cómo se entiende entonces una práctica cultural que hoy circula activamente por internet, radios y plataformas digitales?
Según los autores, esta tensión refleja un desfase entre las definiciones tradicionales del folclore y las transformaciones tecnológicas y sociales que han vivido las comunidades rurales durante las últimas décadas. El acceso a internet, la expansión de las telecomunicaciones y la disminución del aislamiento territorial habrían modificado profundamente las formas de aprender y compartir música popular de raíz folclórica.
En ese contexto, el estudio propone avanzar hacia una comprensión más amplia del folclore musical chileno: una que no vea la mediatización como una pérdida de autenticidad, sino como una nueva forma de transmisión cultural.Los investigadores subrayan que los resultados corresponden específicamente a la región de Ñuble y que se necesitan estudios de mayor alcance para determinar si este fenómeno se repite en otras zonas del país y de América Latina. Sin embargo, sostienen que existe evidencia suficiente para afirmar que, al menos en esta región, el folclore musical ya no se transmite exclusivamente de boca en boca, sino también mediante tecnologías y medios que hoy forman parte de la vida cotidiana de sus propios cultores.
Revisa el estudio íntegro.