La Ruta del Café: Felice Café

Fui a Felice Café hace tiempo, cuando todo era campo. Aún no tenía la extensión y dentro apenas había espacio para un computador y los baristas buena onda que, con sus chascas me hacían sentir en la universidad.

El café es su centro: se huele de golpe apenas uno pisa el local, generando esa sensación de querer participar de la conversa interna, de ser un parroquiano cafetero. Ojalá se aprendieran mi nombre y me dijeran: “¿Lo de siempre, maestro?”

La avenida 5 de Abril conecta con mi experiencia personal porque la transité todos los días desde primero básico a cuarto medio. El tramo entre Bulnes e Itata, para mí, es el paseo de Don Fanucci en El padrino, pero el barrio ha cambiado: en un momento fue boyante, con restaurantes, la panadería de Bulnes, una imprenta y una pizzería. También estaba Caléndula, una tienda de ropa llegando a Gamero, y el recuerdo de mi primer shawarma frente al colegio Da Vinci. Más tarde la zona decayó. Por eso, encontrarse con un café justo al lado de los suplementeros, de donde salían los diarios de circulación nacional, toca la fibra de este chillanejo.

Destacaremos el café, pero sobre todo su volumen. Me parece que los gringos nos acostumbraron al mega tazón, al café dulce y preparado para una mañana completa, mientras que los cafés de especialidad respetan los centímetros cúbicos del manual. Siento que Felice se ajusta más a los del segundo tipo y eso se agradece, pero igual te pone un buen tazón (tampoco llega a tarro de leche Nido) para el café cortado que siempre voy a pedir por una cuestión patriótica. Nada de flatwats o capuchinos, que para mí suenan a bandas de hip hop y monjes. Yo soy de café con leche y tazón remanente de algún Día de la Madre.

Felice propone una estética previsible, con madera y colores pálidos. Todo llega a matizarse, a integrarse incluso con los delantales de los baristas, haciendo que el ambiente se sienta coordinado y coherente.

Acá la paila de huevo no la veo mucho, pero el brownie es letal, lo recomiendo. Ahora que el local creció (qué bueno por los dueños y trabajadores) no he tenido la oportunidad de volver, pero quiero puro, porque de verdad esa familiaridad del equipo hace que todo se vuelva barrio.

Me faltó espacio para el computador, siento que todo está muy junto, como para rozar brazos, pero eso se puede transformar en una gracia. Entonces encontramos un café para escapar de la selva virtual, en un barrio del centro lleno de historia personal, que puede ser más que un suplemento.

Nota*:

Café:
Comida:
Comodidad:
Brownie:

¿Cuál debería ser la siguiente que visitemos? ¿Tiene paila de huevo?

*Esta evaluación está hecha en base a una experiencia de consumo puntual y no está vinculada a auspicios ni modificaciones que la cafetería implemente en su carta o servicios

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