Desde hace algún tiempo, en distintas protestas alrededor del mundo comenzó a aparecer una bandera pirata bastante particular: un cráneo con sombrero de paja. Esta bandera pertenece, justamente, a “la banda del sombrero de paja”, principal en la obra “One Piece”, de la que soy fanático, convertí en fanática a mi hija e intento hacer lo mismo con cada persona que me cruzo para que caiga en el consumo de la sustancia. Por eso me dispongo a responder con agrado la interrogante que propuse tan directamente en el título.
Como ciudadano chillanejo, que durante la infancia se avecindó en la Rosita O’higgins, no pude escapar de la adicción juvenil a la televisión, el formato en el que los jóvenes matábamos las tardes, por allá por el inicio del siglo. Esta condición generó en mí un gusto inevitable por los “monitos animados”, expresión que me sitúa en un rango de edad nada despreciable.
De entre todo el espectro de series y aventuras observables, unas más conocidas que otras, hubo una que caló muy hondo en mí: esa serie es “One Piece”. La serie de animación relata la vida de un joven pirata que busca convertirse en el rey de todos ellos. Pero no se trata realmente sobre convertirse en rey pirata, se trata sobre el viaje de un líder que, junto a su tripulación, recorre islas inspiradas en culturas reales en las que existen dinámicas de opresión tiránica a las que los protagonistas se enfrentan para liberar a los pueblos. Para el personaje principal lo más relevante es la libertad.
Es una explicación sencilla y pareciera que apunta a conceptos que ha utilizado ampliamente la izquierda para describir sus fundamentos, sin embargo, la palabra “libertad” también es enarbolada por diversos sectores de la derecha y ultraderecha en Chile y en el mundo.
¿“One Piece” es una serie de izquierda? Su mirada política no pasa por el marxismo clásico ni por una crítica sistemática al capitalismo. Los valores que promueve no son ni la dictadura del proletariado, ni la crítica al proceso de producción. Es una serie de izquierda, pero con los valores “burgueses” de la revolución francesa: promueve la libertad, la igualdad y la fraternidad y los personajes encarnan estos fines.
Luffy (personaje principal) iría en contra de Pinochet, por supuesto, pero no tendría problemas en entregarle el poder a Piñera, mientras eso signifique que las personas puedan cumplir sus sueños. Incluso podríamos decir que la mirada Pirata del mundo se acerca al anarquismo, pero sería uno establecido desde las aspiraciones individuales.
Me detendré aquí para no perderme, porque estamos hablando de más de mil capítulos agrupados en aventuras que transcurren en distintos territorios y culturas. Pero sí puedo decir que “One Piece” tiene una gracia que otros animes no poseen. Si pensamos en Japón y en parte importante de Asia, donde el impacto histórico del comunismo fue muy fuerte durante el siglo XX, es común encontrar antagonistas inspirados, de forma más o menos solapada, en imaginarios asociados a la Unión Soviética (la Patrulla Roja en Dragon Ball o el “Akatsuki” en Naruto, por ejemplo). “One Piece”, en cambio, aborda las ideas políticas de forma mucho más explícita y detallada.
De todas formas, ver “One Piece” es una tarea de época, quizá es igual de importante que el Quijote (sí, lo dije y qué) porque estoy omitiendo todos los rasgos literarios, de los cuales podríamos hablar muchísimo. Si quieren, nos subimos al hype.