La cafetería New York se escapa del centro. Que no esté dentro de las cuatro avenidas hace que sea menos visible, pero su interesante propuesta merece el desvío. Ubicada en la esquina de un stripcenter de reciente implementación, podría parecer un espacio entre pequeño y diminuto a simple vista, pero, tras el umbral, hay espacio suficiente para que al menos 25 personas disfruten de manera holgada de un entorno en el que el blanco dominante y el café en contraste van anunciando de qué se trata la experiencia.
Mesones de madera y sillones la convierten en un lugar cómodo. El mostrador con pasteles acompaña al área amplia de los baristas, hombres y mujeres con la amabilidad propia de un lugar que quiere posicionarse en un barrio que comparten con La Abuelita y Delicias Alemanas. No apunta a competir, sino a distinguirse.
En New York se luce el café. Te lo presentan por su nombre, lo sirven a la temperatura que dicta el manual y se encargan de recordarte que es tostado por ellos mismos. Para nosotros, amantes y amateurs del café, resulta también didáctico, aunque eso signifique tener que convivir con temperaturas de servicio más bajas de las que acostumbramos cotidianamente, más para matar el frío que para apreciar los matices de la bebida.
No hemos visto paila de huevo, pero tampoco la hemos pedido. Lo que sí espiamos en mesas cercanas fue el omelette, de aspecto bastante fancy, aunque poco enjundioso. De todos modos, el objetivo de romper el día con un café no es precisamente atiborrarse, sino compartir, degustar, relajarse y, por supuesto, hacerse la foto.
Suponemos que el cliente más contento es el apoderado del PH, que puede encontrar ahí un lugar para hacer hora o para pasar las penas cuando es llamado por el equipo de convivencia escolar. También los profes del PH deben de ser habituales, pero no nos consta.
Es una postal bonita, porque está en la zona en que Chillán empieza a tener áreas verdes, en el polo favorecido por la división socioeconómica de la ciudad de la longaniza, que marca el límite entre hurtadianos y dariosalinos.
Si andas de explorador, no te lo pierdas. No es caro: un café más un brownie ronda las siete lucas. Deja propina, cobarde.
Nota*:
¿Cuál debería ser la siguiente que visitemos?
*Esta evaluación está hecha en base a una experiencia de consumo puntual y no está vinculada a auspicios ni modificaciones que la cafetería implemente en su carta o servicios