Una de las afecciones hormonales más frecuentes entre las mujeres en edad reproductiva tendrá una nueva denominación a nivel internacional. El conocido síndrome de ovario poliquístico (SOP) pasará a llamarse síndrome ovárico metabólico poliendocrino (PMOS, por sus siglas en inglés), según un consenso científico publicado en la revista médica The Lancet.
La modificación fue impulsada por un proceso internacional de revisión clínica y científica que se extendió por más de una década y reunió a más de 50 organizaciones médicas, sociedades científicas y agrupaciones de pacientes. El trabajo fue liderado por especialistas en endocrinología y salud reproductiva, entre ellas la investigadora australiana Helena Teede, una de las principales referentes mundiales en el estudio del trastorno.
Los expertos consideran que la antigua denominación resultaba confusa y limitada, ya que pone el foco en los quistes ováricos cuando, en realidad, no todas las pacientes los presentan y no constituyen el principal problema de la enfermedad. Diversos especialistas han advertido durante años que el término contribuía a reducir una condición multisistémica a un problema exclusivamente ginecológico o reproductivo, dificultando diagnósticos más integrales y retrasando tratamientos adecuados.
El síndrome afecta al sistema hormonal, metabólico y reproductivo y puede provocar menstruaciones irregulares, exceso de hormonas andrógenas, infertilidad y un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, obesidad o enfermedades cardiovasculares.
Según los especialistas, el nuevo nombre busca reflejar mejor la complejidad de una enfermedad considerada multisistémica. Además, pretende facilitar diagnósticos más precisos y fomentar una atención médica más completa para las pacientes, incorporando dimensiones metabólicas y endocrinas que durante años quedaron subrepresentadas en la comprensión pública del trastorno.
Aunque la causa exacta de la afección todavía no se conoce, los investigadores saben que suele estar relacionada con niveles elevados de insulina y andrógenos, como la testosterona.
Actualmente no existe una cura definitiva, por lo que el tratamiento suele centrarse en controlar los síntomas mediante cambios en el estilo de vida, pérdida de peso y distintos medicamentos adaptados a cada paciente.
El cambio también ha sido interpretado como un antecedente relevante en materia de salud femenina, un ámbito donde históricamente han existido brechas de investigación, subdiagnósticos y una tendencia a fragmentar enfermedades que afectan principalmente a mujeres. Condiciones como la endometriosis, los trastornos hormonales o distintos cuadros de dolor crónico femenino han sido citados frecuentemente por especialistas y organizaciones de pacientes como ejemplos de patologías que durante décadas recibieron menor atención clínica y científica.
Para quienes impulsaron esta modificación, el nuevo nombre no representa únicamente una actualización terminológica, sino también una forma de reconocer cómo el lenguaje médico influye en la legitimidad clínica de una enfermedad, en las prioridades de investigación y en la experiencia cotidiana de las pacientes.